30-12-2009 | Javier Gomez

ajedrez

Blanco, negro; negro, blanco. El tablero de la vida. Por él me muevo siempre con mis miedos, con mis arrebatos; con mis penas, con mis alegrías. Saltando de una casilla a otra, como si las aventuras o las desventuras que persigo con mis ansias de vivir me arrastraran hacia un abismo desconocido. Me acuesto cada noche sin saber si la mañana siguiente, cuando ponga el pie en el suelo, lo haré pisando esa baldosa blanca; la de tu amor, la de mi locura por ti; la de tu locura por mí; la de tus palabras hechas versos; la de tus sonrisas mágicas; la de tu mirada franca; la de tus gestos enamorados; la de nuestra pasión descontrolada… Avanzo siempre buscando su refugio, rehuyendo pisar la casilla negra del enemigo ingrato; de la distancia, del tiempo, de la desesperación, del anhelo… y en cada paso, en cada salto de casilla a casilla, que cuento por días, por horas, por minutos, ya por segundos, el tablero de la vida se me vuelve cada vez más blanco; como si en este juego ya sólo hubiera un jugador… unidos los dos.

Intentaba avanzar, seguir, dejar atrás aquellos recuerdos de corazón malherido; maniatado; sólo en mi esquina negra; triste. Intentaba descubrir que en el juego soy una pieza importante… asomado a la ventana, alcé la vista… blanco…. la torre, tu torre. Dispuesto a escalarla, a alcanzar esa sonrisa fiel, a liberar ese alma cándida deseosa de amor de su jaula dorada, me muevo entre aquellas olas que rompen a sus pies… negro; aquel furor desbocado de agua, de espumas, de oscuras ánimas, de rocas donde el destino mella los amores prohibidos; tus palabras dulces me rescatan de un final seguro… blanco; me depositan en la arena, a tus pies; y mi mirada se dirige al cielo; arriba, a aquella torre de ébano desde donde un susurro me llama lánguido, y donde un reflejo de luz restaña en sus ventanas…

Y aquí me tienes, alfil de tus anhelos; caballero que ansías conquistar; derrotado, cansado, con el alma oscurecida, negra en el día, y a quien entre caricias levantas y das vida, inundando de blancos puros la noche. Y caballero sin caballo, miro a derecha e izquierda. Y a lo lejos, viniendo de un lugar llamado olvido, aparece mi animal apasionado… rocín de mis desvaríos, blanco inmaculado, compañero de mis antiguos sueños, mientras la marea clandestina limpia con cada reflujo sus negras pezuñas de penas anteriores.

Y yo, peón de tus fábricas de sueños, me levanto, y lucho, y grito, y gimo, y deseo… mover la maquinaria, avanzar por el tablero, conquistar la posición perdida, ganar la partida; yo, tu peón, tu alfil, tu caballero con caballo, tu torre de mármol, haré que el rey negro de tus desdichas doble la rodilla… y yo mismo, mi cielo, mi Dama, seré tu Rey Blanco… el que a tus pies despliegue tu manto de caricias.

Los lugares mágicos son siempre bellos, y merecen que se les admire… ¿quién no se ha sentado en la playa para ver aparecer el sol allí, sobre la línea del horizonte? ¿quién no ha dejado perder su mirada en ese punto donde la cascada rompe elevando al cielo su espuma blanca y fresca? ¿quién no ha paseado entre eucaliptos para respirar mejor la misma vida?… tú, mi Dama, eres ese lugar mágico; donde el corazón navega; donde la mirada se pierde; donde el alma se pasea para respirar tu vida… porque tu, Reina, avanzas delicada en cualquier dirección, sembrando admiración, con tu mirada, con tu sonrisa… por que tú, mi Dama, harás que todos los Reyes Negros del miedo, del recuerdo, de la desesperación, inclinen la cabeza ante tu porte sublime….

Y al fin, el damero… será blanco.

Publicado por mí con el pseudónimo de thort

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  1. Mi más sincera admiración. Es un texto precioso, de lo mejor que he leído.

    Comentario por Sara
    20-06-2010 @ 11:21 am