SobreRelatos

En pocas palabras, tu corazón, tu alma…
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Sueño o realidad

Marzo 18, 2008 By: Javier Gomez Category: Divagaciones

¿Sueñas, mi vida? Cansada del día, de los cambios, de las quejas, de las penas, te has dormido buscando refugio en tu propia colchón de sueños.

Acostada, recuerdas esos últimos días agotadores y clamas por tu vida, sin presiones, sin estrés, sin compromisos ¿Sueñas, mi vida?

Despacio tus ojos se cierran; meces los párpados al son de las letras de Alejandro Fernández; echas una última mirada a tu mesa de trabajo; “te quiero”, esa nota.

¿Sueñas, mi vida? Cabalgas de nuevo en tu brioso corcel, ya no sabes si blanco o negro, pero al final de la playa ya puedes ver de nuevo tu torre alta, y aquella ventana cerrada que un día dejaste abrir. Es el miedo, ¿el miedo? Te preguntas. Pero el corcel no se detiene.

Sobre la arena, tras de ti van quedando las huellas marcadas, mientras el mar parece por momentos bravío. Y la ventana, aquella ventana, de recuerdos ingratos, de pasados lastrados, tan cerca.

Sientes una brisa en tu mejilla. Que te acaricia, que te perfila, como si una mano quisiera dibujarte en un lienzo fino hecho de un amor soñado. Y se desliza, y te recorre, y te alcanza hasta el mismo alma, y te oye, y te habla, y te cuenta, susurros que penetran, que te recuerdan… Miras atrás, a la arena. Las huellas, no están, borradas por una ola tripulada por aquella brisa. El pasado… notas que el corcel se detiene. “Ya ha llegado”, piensas. Y triste vuelves de nuevo la vista adelante. “La ventana”, te dices sorprendida. La ventana de la torre yace ahora abierta y ya no es negra, ni siquiera gris, sino del os más brillantes colores, los de la fe… ¿sueñas, mi vida?

Abres los ojos. Vuelves a notar el suave susurro de una brisa. Las cortinas de tu habitación se mueven ondulantes, como la misma vida, y tras ella, la ventana, tu ventana… abierta. No recuerdas haberla dejado abierta. Es más, estás segura de NO haberla dejado abierta. Miras a tu mesa del ordenador. La misma nota, “te quiero”, y junto a ella, otra “por siempre, tu niño, tu cuarta parte”.

¿Sueñas, mi vida? Definitivamente, no.

Ventana abierta de Matisse


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Cartas de amor

Marzo 15, 2008 By: Javier Gomez Category: Divagaciones

A veces echo de menos una carta de amor. Y no porque me falte el amor. No. Me siento colmado, pero necesito ese papel, ese mensaje al que me pueda agarrar cuando me faltas.

Guardo todos tus sms, y todos tus e-mails. Informática, tecnología, qué útil es a veces pero que poco romántica cuando de decir “te quiero” se trata. No, ya no me saben igual las frases por aquí. Ni las tuyas, ni las mías, claro está. Quizás porque cada vez te necesito más. Quizás porque cada vez te siento más adentro… o yo más adentro tuya. Y por eso, sólo por eso, es por lo que necesito al menos, en la distancia, oir tu voz, a cada instante. Para oirte decir que me quieres, o para decírtelo yo a tí.

Y por eso, sólo por eso, es por lo que necesito esas cartas; para tenerlas entre mis manos mientras cierro los ojos y mis sentidos me llevan a ti: mi boca repitiendo frase por frase lo que en ella aparece escrito; mi olfato, oliendo ese aroma que se desprende del papel por el sólo tacto de tus dedos; mi vista, porque en cada línea escrita veo tus ojos, y tu cuerpo.

Porque las cartas son el mejor refugio contra la desesperanza. Porque en las cartas ponemos el alma y con ellas nos sentimos libres para darnos cuenta de lo que realmente nos sucede.

A veces odio los tiempos modernos. Añoro los tiempos antiguos. Y sí, mi mejor regalo para tí sería una de aquellas plumas con la que grabaras en mi corazón a fuego lo mucho que me quieres; con la que yo te dibujara, mi niña, mi futuro junto a tí.

Cartas de amor


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Eres

Enero 29, 2008 By: Carmen Marquez Category: Poesía

Mi ángel…
Tanta dulzura desprende tu mirada,
tanto amor existe en ti para entregar,
que no quiero alejarme ni un momento,
contigo vive mi felicidad.

Mi niño…
Compartes tus sueños y fantasías
con tanta inocencia que me enamoras.
Buscas cariño y esta alma mía
ruega ser la única a la que adoras.

Mi hombre…
Tus fuertes brazos me impiden caer.
Por ti, mi pecho respira seguro.
Tus palabras tiernas acarician mi ser.
Tu calor vuelve luz lo más oscuro.

Mi amigo…
Guardo en ti todos mis secretos.
Se que no existe escondite mejor.
Tus consejos aclaran mis dudas.
Tus abrazos alejan de mí el temor.

Mi amante…
En ti se mezcla la pasión y el amor de tal manera
que creas a tu alrededor un paraíso terrenal,
donde todo se permite, pues no existen barreras
sino corazones con ansias de amar.

Así que

Eres mi ángel, mi niño, mi hombre,
mi amigo, mi amante ideal y perfecto.

Mi amigo y mi amante

Mucho deseé tenerte tan cerca
Mucho ansié decirte “Te quiero”.

 


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La verdadera Dama de las Camelias

Diciembre 18, 2007 By: Carmen Marquez Category: Literatura

“No soy lo bastante rico para amarte como quisiera, ni tan pobre como para que me ames como quisieras. Tu corazón es muy grande para no entender esta carta y tu inteligencia demasiada para no perdonarme”…

Alejandro Dumas hijo

Estas palabras llenas de emociones contenidas fueron escritas por Alejandro Dumas Hijo, hijo del célebre autor de “Los tres mosqueteros” también llamado Alejandro Dumas Padre, (llamados así para distinguirlos), a Marie Duplessis, (cuyo verdadero nombre era Alphonsine pero se lo cambió por Marie al dejar la casa de su infancia), la cortesana más famosa del París de mediados del siglo XIX. Marie fue deseada y disfrutada por los hombres más influyentes y poderosos de la capital francesa, pero fue el amor hacia un hombre cuyo único tesoro era su vocación de escritor lo que marcó su existencia.

Marie Duplessis

Dumas tuvo que compartir a su amada con otros hombres y se llenó de deudas hasta que ya no pudo continuar y la abandonó. Casi dos años después, el 3 de febrero de 1847, ella moría de tuberculosis con tan sólo 23 años. En aquellos días Dumas regresaba de viaje y fue en el camino en donde se enteró de la muerte de la joven Marie. En la subasta de las pertenencias de su amada, realizada para solventar sus deudas, Dumas sólo pudo adquirir una cadena de oro que Marie solía llevar puesta. Su economía aún no le permitía mayores gastos.

En mayo de año, el joven Alejandro comenzó a escribir “La dama de las camelias” tras pasar días releyendo las cartas de Marie. Y el motivo del título es muy fácil de entender: ella adoraba las flores y le encantaba estar siempre rodeada de ellas. Pero como su salud era débil no soportaba, sin marearse, los aromas intensos así que se decantó por las camelias, que se convirtieron en sus compañeras inseparables.

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Lazos de amor eterno

Octubre 13, 2007 By: Javier Gomez Category: Relatos

Esperaba ansioso que dieran las 7 de la mañana. Como cada día, desde hacía meses, Carlos se había escondido tras los rododendros para poder verla. Con las primeras luces mañaneras, dibujada su silueta contra la bahía de Málaga, en la Torre de la Vela, aparecería ella: su imagen soñada; la dueña de sus sentimientos.

No sabía de donde venía; ni quien era, ni siquiera cómo conseguía entrar en la Alcazaba cuando él aún ni había abierto. Pero parecía tan sola, tan triste…

Como un fantasma, la figura de la chica apareció de entre los setos. Con su habitual semblante frágil y dulce, encaminó sus pasos hacia la Torre, y allí, absorta, inconsciente de las miradas de Carlos, abrió el pequeño libro adornado con ribetes de oro y se puso a leer. Ese libro la acompañaba día tras día; parecía ser su único amigo; el único consuelo para una vida atormentada.

Carlos, tan tímido él, permanecía escondido, asustado de aquel primer contacto que tanto su corazón como su cuerpo le pedían. ¿Miedo? Realmente no sabía si era miedo a vencer su timidez o lo era a perder esa visión irreal; a perturbar su paz, a ser rechazado, a estropear el sueño de tantos meses… pero no podía estar eternamente así.

Aquella pequeña distancia que los separaba le parecía una inmensidad. Le pesaban las piernas, le temblaban las manos, pequeñas gotitas de sudor le perlaban la frente. Aún así, salió de su escondite y como en un sueño, sintió que sus pies se movían lentamente.

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Amor bajo la luna

Septiembre 22, 2007 By: Javier Gomez Category: Poesía

Me dice la luna con su mirada serena y oscura
que la noche siempre me acompaña
que los sueños me llevan preso de locura
de un amor desconocido, oculto en mis entrañas

Me dicen las estrellas con su brillo alegre y animado
que amanecerá un nuevo día
que lucirá un nuevo sol para un corazón desesperado
para llenar un alma hastiada por falta de dichas y alegría

Me dice tu mirada tierna y profunda
que tu eres mi luna, mi estrella y mi sol apasionado
quien de alegrías mis días inunda
quien libera mi corazón preso por aquel amor desesperado…

 

 


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Felicidad

Septiembre 20, 2007 By: Carmen Marquez Category: Poesía

Un soplo de aire fresco
llegó a mi encuentro esta mañana.
Despertó mis sentimientos
dormidos hace ya tiempo,
envueltos bajo mil capas.

Poco a poco consiguieron
traspasar tales murallas.
Y llegando a mi vientre primero
un turbador cosquilleo
crearon desde la nada.

Fueron luego recorriendo
palmo a palmo mi piel cansada,
trayéndole sin decoro
preciosas caricias de oro
que un súbito deseo le regala.

Esta brisa que con el alba
llenó de brillo mi mirada
también es para ti si deseas
y abres tu alma a su llegada.

Respira hondo si te rodea.
Cierra los ojos dando las gracias.
Y no intentes sujetarla
si quieres que vuelva con la alborada.

La felicidad son momentos.
Y recordarlos nos alegra el alma.
Vivamos plenamente cuando llegan.
No te preguntes el porque de nada.

No miremos, sino veamos.
No pasemos, sino sintamos.
No abandonemos la vida,
que ya nos tocará marcharnos….

(9 de Noviembre de 2006)


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Encuentro

Septiembre 16, 2007 By: Carmen Marquez Category: Relatos

Llevaba ya mucho tiempo refugiándose en su casita del bosque. Ese lugar construido con cálida madera donde se escondía para pensar en cosas bonitas y endulzar la soledad de su alma. Un día, unas palabras arrojadas al viento chocaron contra su puerta. Ella, sobresaltada, abrió y dentro se colaron. Buscaban quien las recogiera, pues su dueño había perdido la esperanza y ya no quería ponerlas en su boca nunca más.
-¡Pobres palabras, con lo preciosas que sois! Poneos en mi boca, y yo os cuidaré… ¡Amor, pasión, romanticismo, devoción! ¡Que bellos sentimientos debe albergar quien os poseía y cuanto debe haber sufrido para querer olvidaros!
Y entonces decidió salir en su busca. No podía permitir que alguien tan bello por dentro sufriera de esa manera.
Caminó pacientemente en contra del viento que esas palabras había arrastrado, siguió las señales que a su paso le enseñaba su intuición, cerraba los ojos para sentir a quien buscaba cuando parecía perder el rumbo. Tan fuerte era su fe que ante sus ojos llegó, y supo que era él. Entonces, sin decir nada, atrapando dulcemente con ambos manos el rostro de aquel hombre herido, le besó en los labios y le devolvió sus palabras envueltas en esperanza.
Entonces se sintió renacer y comprendió porque había pasado todo. El destino juguetea a veces con nosotros, trayéndonos las historias más hermosas de las maneras más insospechadas….

(4 de Febrero de 2007)


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Un paso más…

Septiembre 15, 2007 By: Carmen Marquez Category: Poesía

Atreviose un día una bella dama
a abrir, del balcón, esa puerta cerrada.
Asomó su cabecita con muy excitante temor.
El sol pellizcó sus mejillas con su suave resplandor.

Entornó sus delicados párpados ante la calidez de la luz.
Y por su frágil cuerpo comenzó, lentamente, a crecer la inquietud
¿Por qué no dar un paso más?, su conciencia preguntó.
Y sin esperar respuesta, la ansiosa muchacha unos pasos avanzó.

Ya en la baranda temerosamente apoyada,
acarició la madera para sentirse acompañada.
Escuchó entonces el bullicio que vivía en las calles,
Y, siguiendo su sonido, buscó descifrar sus mensajes.

Miró de un lado al otro, guiada por su curiosidad.
Otros parecidos a ella se movían, por aquí y por allá.
Unos reían entre ellos, otros serios muy solos caminaban.
Otros pegaban sus cuerpos y besándose se abrazaban.

Mil emociones surgieron atropelladamente en su alma.
Mil ideas en su cabeza perdieron, al nacer, la calma.
Y su corazón agitado bombeaba sin descanso.
Y en su vientre mil serpientes olvidaron su letargo.

Supo entonces que muchos momentos había perdido,
por seguir sus miedos, por escapar a lo desconocido.
Quiso mezclarse con todos ellos.
Compartir sus risas y consolar sus sufrimientos.

Entró a su morada y allí buscó un libro y una canción,
que hablaran sobre ella y sobre su vida interior.
Bajó entusiasmada la escalera sin pensar en tropezar.
Y alcanzando ya la puerta, la abrió de par en par.

El aire fresco de la mañana de nuevo su frente besó.
Más antes de cruzar el umbral, un consejo a sí misma regaló:
-¡No cierres del todo la puerta, un refugio has de tener!.
¡Comparte tus alegrías con ellos,
pero tus penas, vuelve aquí para esconder!

 


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Ella, El…

Junio 02, 2007 By: Carmen Marquez Category: Poesía

Ella…

Confusa escribí estas palabras
pretendiendo liberar mis vanos anhelos.
Entiendo que mi lucha no vale nada.
Que es un imposible lo que espero.

Pero me cuesta asumir que la dicha,
que parezco palpar cada día,
sólo es fruto de una esperanza
nacida en mis tierras baldías.

Mi camino elegí en el punto de partida.
Y ahora sólo me queda esperar
El momento justo en que la vida
mirando de frente, me sonría sin más.

Él…

De esas tierras de secano
me he convertido en campesino.
Sembrar, arar, labrarme un destino,
esperanza que se posa en mi mano.

Reposo en un corazón malherido,
paciencia para un alma cansada.
Dos vidas en un vuelo encadenadas.
¡Vuelve a mi regazo, amor perdido!

Sentir, volar, reír, gritar,
esperar, ¿por qué esperar?.
Vivir, cantar, bailar,
que la vida me sonría… luchar
Porque no hay horizonte sin final.
Ni magia, ni anhelos, ni lucha verdadera
que esta alma ahora guerrera
no sea capaz de alcanzar…

(Javier y Carmen)


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