Un dia de colera, de Perez Reverte

La noche del 2 al 3 de mayo de 1808, decenas de madrileños cayeron ante los fusiles de las tropas francesas que lideraba Murat. Cientos de familias vieron truncadas su felicidad y sus ilusiones por la locura expansionista de Napoleón Bonaparte, pero al mismo tiempo se convirtieron en el ejemplo de la lucha por la libertad, en la semilla echada al viento para meses después recoger la siembra bajo un espíritu común que prendió como una mecha por toda España, contra el invasor, contra la opresión y contra la injusticia.

Aquella noche del 2 al 3 de mayo fue trágica pero sirvió para comenzar la Guerra de la Independencia, liberar a nuestro país y abrir los ojos al mundo sobre la supuesta invencibilidad del ejército napoleónico.

España fue su primera gran derrota y el comienzo de la caída del gran Imperio de Napoleón.

Un dia de colera

Pero para llegar a ello, Madrid y el resto de los españoles hubieron de pagar un precio alto; demasiado alto.

Un pueblo entero se echó a la calle para impedir el traslado de la Familia Real a Bayona, donde pensaba retenerlos Napoleón con el fin de cambiar al monarca español, e imponer en el trono en primer lugar a Fernando VII y en segundo lugar a su propio hermano, José Bonaparte. Aquel 2 de mayo, de mañana, la plaza de Oriente se llenó de madrileños que detuvieron el paso de la comitiva y se abalanzaron sobre los soldados que custodiaban la carroza real. La respuesta de los franceses no se hizo esperar, y comenzó aquella lucha cruel y desigual. Los madrileños apenas portaban palos y alguna que otra arma. Los franceses eran todo un ejército. Apenas pudieron aguantar unas horas de una batalla que se extendió por gran parte de Madrid y que sería inmortalizado con una realidad impactante por Goya. Abandonados por el propio ejército español, salvo los oficiales Daoiz y Velarde, los muertos se amontonaron por las calles madrileñas. Aquella noche, y tras haber sofocado al fin la revuelta, se tiñó de rojo con la sangre de los españoles sublevados. Se hicieron fusilamientos masivos, por orden de Murat, el general francés que estaba al mando del ejército en España, para que sirviera de ejemplo, para intentar acallar las voces que gritaban “libertad”, para sofocar nuestro espíritu guerrero e independiente… y sin embargo, aquella noche teñida de sangre y aquellos fusilamientos significaron nuestra unión.

Muchos nombres surgen de historias como ésta, y muchos quedan grabados en letras de fuego para la Historia, como el de Daoiz y Velarde en aquellos momentos, o el de Agustina de Aragón, o el de tantos otros en distintos momentos de nuestro pasado, pero junto a esos nombres famosos que lideraron aquellos movimientos están los de otros cientos que dieron su vida en silencio por la ansiada libertad; que ofrecieron para España todas sus ilusiones en pos de una lucha imposible.

Su vida, sus historias, sus familias, son las que Arturo Pérez Reverte describe con manos de artista en páginas que son algo más que una simple novela. Un día de cólera, esa genial obra recién estrenada por uno de nuestros escritores actuales más destacados, es una apología contra las incongruencias de las guerras, contra las represiones, contra las invasiones, contra las injusticias y contra el absurdo de los sistemas que pretenden a través de su poder alzar su voz por encima de la del propio pueblo.

Mordaz, irónico, pero directo y contundente, Pérez Reverte nos retrata en Un día de cólera la rabia e impotencia de Madrid a través de la vida de unas cuantas familias, que puede que no fueran reales, pero que pudieron serlo perfectamente, y nos acerca de un modo doloroso, a las penas de un año 1808 que desgraciadamente ha quedado marcado en nuestro pasado.

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