Ray Bradbury, el poeta de la ciencia ficción

Ray Bradbury

Ayer miércoles, 6 de junio, falleció a los 91 años Ray Bradbury, “el niño más grande que he conocido” al decir de su nieto, Danny Karapetian. Muchas cosas se podrían decir acerca de este escritor, pero hay que decir sólo algunas. Antes que nada, mencionar que todas las notas de prensa que hablan de su fallecimiento lo retratan como un hombre querido, además de un escritor talentoso.

Ray Bradbury nació en 1920 en Waukegan, Illinois. Cuando tenía 14 años junto a su familia se trasladó a Los Ángeles por motivos económicos. Su primer trabajo fue como vendedor de periódicos siendo un adolescente. Poco a poco sus primeros cuentos fueron apareciendo en revistas de ciencia ficción de la época. Su debut literario con Crónicas marcianas (1950), una recopilación de relatos, le valió inmediato reconocimiento, pero su primera novela, Fahrenheit 451 (1953), es y será siempre su obra más conocida.

Además de Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas, las obras que le dieron popularidad a lo largo de su vida, entre novelas (como El vino del estío de 1957), cuentos (como Remedio para melancólicos de 1960), poemas, obras de teatro y guiones cinematográficos, Bradbury firmó más de 500 títulos.

Se suele asociar demasiado a Bradbury con la ciencia ficción. Es cierto que sus obras más famosas pertenecen a ese género, pero también es cierto que, por ejemplo, en Crónicas marcianas es más importantes la exploración del mundo íntimo del ser humano que los posibles aciertos con respecto a la llegada del hombre a Marte. Además de estar Crónica marcianas imbuida del fervor que despertaba el psicoanálisis entonces, y de aprovechar Bradbury las páginas del libro para hacer un repaso sobre escritores como Hemingway, en la cumbre de su fama entonces (y muy asociado al realismo),o de clásicos del terror como Allan Poe (su primer amor literario).

Fahrenheit 451, que es sin duda su obra más emblemática, en muchísimos aspectos predijo el futuro, y los avances de la ciencia que llegaron después, pero no está allí su principal mérito, sino en la otra parte de la obra, la que habla de los regímenes totalitarios que prohíben los libros, en la aguda crítica a la sociedad de consumo, a la carrera por lograr el automóvil más veloz, y a los intentos por desarrollar paredes que proyecten imágenes a las que podamos llamar “la familia” (¿internet?).

Además de ser evidente la inclinación de Bradbury por otros géneros, como el fantástico y el terror, “el poeta de la ciencia ficción” como se lo llamó justamente, aportó mucho más que predicciones sobre lo que iba a suceder en el futuro con la ciencia, le dio alma al género.

Ray Bradbury nunca ganó el Pulitzer ni el Nobel, pero un asteroide lleva su nombre (9766 Bradbury), y tendrá por siempre el cariño de millones de lectores.

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